Doce horas para llenar el depósito en Venezuela

Want create site? Find Free WordPress Themes and plugins.

Venezuela es una cola que se extiende y se multiplica por todos sus estados, como lo hacen las magníficas ceibas con sus ramas y raíces interminables. Pero también con sus espinas. El racionamiento de facto de la gasolina, cuyo despacho vuelve a vivir horas críticas, ha provocado que miles y miles de sus ciudadanos pasen muchas horas, y hasta días, esperando para llenar su depósito. Según la oposición, hasta 10 y 12 horas de media.

“Es la madre cola por todos lados, las trancas son terribles. Ésta llega hasta el peaje”, explica Emilio Álvarez, venezolano con sangre gallega, en el vídeo subido el jueves a su estado de WhatsApp. La cola elegida para resumir el estado del país seguía ayer a la entrada de Valencia, una de las ciudades más pobladas de Venezuela. Parecidas imágenes y vídeos, adornados con todo tipo de quejas, se viralizaban en las redes sociales, encargadas de constatar la realidad revolucionaria.

La situación extrema se extiende por todo el país, incluso en Caracas -a la que el Gobierno intenta mantener en una burbuja para evitar las protestas-, donde comenzaron a verse ayer las primeras colas junto a carteles de “cerrado”.

En Bolívar, estado fronterizo con Brasil, las gasolineras fueron militarizadas tras siete días de sequía en sus bombas. En Zulia, frontera con Colombia y zona cero del chavismo por culpa del colapso eléctrico y de agua, no vendía el combustible ayer en su capital. En Delta Amacuro simplemente no la buscan porque no hay. En Táchira, diputados del Parlamento han comprobado cómo ciudadanos permanecen hasta dos días a la espera y sin saber cuándo va a llegar el carburante. Colearse (saltarse la fila) cuesta casi un salario mínimo, pero en dinero en efectivo, tan escaso como la propia gasolina, que es casi gratuita.

TENDENCIA IMPARABLE

Al borde de la parálisis, los gasolineros echan la culpa a la falta de suministro, reducido en un 50%. En Mérida, Portuguesa, Lara, Aragua, Guárico y Monagas se repiten parecidas escenas, en medio de la incertidumbre nacional. “Ya lo habíamos avisado”, insisten los agoreros.

Poco importa que Venezuela posea las mayores reservas de petróleo del planeta. La caída de la producción tras los apagones eléctricos comenzados en marzo ha acelerado una tendencia imparable: del récord histórico de tres millones y medio de barriles de oro negro al medio millón de la actualidad, cuando a finales de febrero todavía se producían un millón de barriles.

“No hay producción, no hay refinación”, explica el sindicalista Iván Freites, quien asegura que las refinerías trabajan al 10% de su capacidad. Hasta hace meses, el Gobierno de Maduro paliaba el deterioro de sus instalaciones con la importación de combustible, cada vez más difícil por la incapacidad financiera y por las sanciones de EEUU, tras el embargo petrolero de este año y sumado a la corrupción multimillonaria vivida en la estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa), hoy en manos de los militares.

“Venezuela está sin gasolina por el populismo de muchos años. No puede ser que una gandola [camión cisterna] cueste 0,002 dólares”, denunció el diputado Ángel Alvarado.

RACIONAMIENTO Y CONTROL

En el país de las colas, estas son hoy las más llamativas, pero no las únicas. Esta semana se entregó en el barrio de El Valle, en la capital, las bolsas del Clap, la versión bolivariana de la libreta cubana de racionamiento y la gran herramienta del control social en medio de la hiperinflación que devora al país.

Más de ocho horas de espera para adquirir a un precio subvencionado, que no llega ni a medio dólar, un grupo de alimentos (1 botella de aceite, 3 kilos de harina, 3 kilos de arroz, 1 de judías, 2 de pasta y 1 de azúcar) con el regreso de la leche, añorada los últimos meses. Un simple desayuno cuesta seis veces más en cualquier panadería. “Con ese sol ahí arriba, ocho horas y las mentadas de madre que les dieron a las jefas comunales. Llevábamos tiempo esperando la leche en polvo y esta vez llegó de China. En el paquete dice que sólo para adultos. Pero claro, mis dos niños también la beben. Está tan dulce esta vaina que sólo la tomamos con avena”, aclara María Marcano, de 24 años y vecina de la misma zona donde Maduro pasó su adolescencia.

A dos estaciones de metro, el trueque hizo milagros como aquel del pan y los peces. Una vecina le cambió al quiosquero William Martínez la botella de aceite mexicano del Clap por seis cigarrillos, valorados en 6.000 bolívares (1,2 dólares). Se lo dijo al oído, sabedora de que sus ansias fumadoras le jugaban una mala pasada: ese mismo aceite ayer se vendía en El Valle por 10.000 bolívares cuando la bolsa entera de productos se adquiere en 2.000.

Did you find apk for android? You can find new Free Android Games and apps.