Los euroescépticos y la desconfianza de los laboristas ponen en riesgo un acuerdo sobre el Brexit

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Los escasos y borrosos mensajes que transmiten estos días a la opinión pública Theresa May y Jeremy Corbyn hacen sospechar que lo único que tienen en común es su deseo de ganar tiempo y evitar cargar con la culpa de un fracaso anunciado. La primera ministra se reúne con el líder de la oposición a última hora de la tarde de este martes para intentar desatascar el diálogo. El Gobierno británico ha decidido este martes, de momento, que continuarán las conversaciones con los laboristas para intentar sacar adelante un acuerdo sobre el Brexit que pueda ser aprobado por el Parlamento. Eso a pesar de que la rebelión de los euroescépticos contra la primera ministra se expresa ya de un modo descarnado, y que la dirección laborista sospecha que cualquier entendimiento con Downing Street sería en realidad papel mojado porque May tiene los días contados.

Trece exministros bajo el mandato de la dirigente conservadora, incluido el presidente del todopoderoso Comité 1922 -el grupo parlamentario que incluye a todos los diputados conservadores sin cargo en el Gobierno-, Graham Brady, han escrito este martes una carta abierta a May en la que le advierten de que se arriesga a perder el apoyo de los “moderados leales” del partido si persiste en su empeño por cerrar un acuerdo con los laboristas. La principal exigencia de la oposición se centra en mantener y consolidar algún tipo de unión aduanera con la UE. “Creemos que cualquier acuerdo con los laboristas basado en una unión aduanera supondrá la pérdida del apoyo de diputados como nosotros, que respaldamos en su día el Acuerdo de Retirada presentado ante el Parlamento, y que no se conseguirá con ello el suficiente numero de apoyos en las filas laboristas como para compensar esta pérdida. Y lo que es más grave, se perderá el apoyo de los moderados leales del Partido Conservador sin poder presentar a cambio nada sólido”, dice la carta, firmada entre otros por el líder euroescéptico Boris Johnson, el exministro para el Brexit, Dominic Raab, o el exministro de Defensa, Gavin Williamson, despedido fulminantemente por May como presunto autor de las filtraciones del “escándalo Huawei”.

La estrategia de la primera ministra resulta incomprensible para los suyos, para la oposición y para los medios británicos. May ha permitido la celebración de unas elecciones al Parlamento Europeo, el próximo 23 de mayo, que se anuncian como la derrota más estrepitosa sufrida por los conservadores en mucho tiempo. Las encuestas vaticinan una victoria del Partido del Brexit del ultranacionalista Nigel Farage, quien no deja de robar apoyos a la formación tory. El Comité 1922 se dispone a debatir por tercera vez este jueves un cambio de reglas que permita presentar una nueva moción de censura interna contra la líder del partido. Después de superar un intento a finales de 2018, las normas internas blindaban a May por lo menos hasta el mes de diciembre.

La primera ministra es un zombie político, y por eso los laboristas, que de momento mantienen la apariencia de negociación con el Gobierno, están a un paso de tirar la toalla. Temen al llamado “efecto Boris”, la posibilidad de que cualquier acuerdo con el Gobierno quede en nada una vez May sea depuesta. “La unión aduanera es una cuestión clave para nosotros”, ha dicho John McDonnell, el número dos del partido y para muchos el cerebro gris de la estrategia laborista. “Y no estamos ni siquiera cerca de conseguirla. Y lo que tenemos en cambio es la carta firmada por un montón de pesos pesados conservadores, entre los que se encuentra Boris Johnson, quien tiene intención de competir por el liderazgo conservador y muchas posibilidades de conseguirlo en unos pocos meses”, ha advertido McDonnell.

El número dos laborista, quien no ha tenido problema en definirse como “un defensor de corazón de la permanencia del Reino Unido en la UE”, a pesar de que su carrera política y su ambigüedad presente, como la de Corbyn, inducen a pensar lo contrario, ha reconocido que cualquier posible pacto con el Gobierno deberá ser sometido a un referéndum confirmatorio como condición sine qua non para obtener el respaldo de la mayoría de los diputados laboristas.

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