Emmanuel Macron realizará una inminente y profunda reforma de su Gobierno

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Tras semanas de especulaciones y quinielas de nombres, este martes iba a estrenarse en el Elíseo la segunda temporada de Macron, la serie política de mayor éxito (parlamentario) y gancho mediático (gracias a sus iniciativas y a sus polémicas) en Europa. Siguen sus dos ‘protas’, el presidente Emmanuel Macron y su primer ministro, Edouard Philippe. Prometen continuar su línea argumental de reformas pero habrá cambios en el casting ministerial. Todo sea por recuperar ‘share’…

Hasta ahora, el presidente (que es quien nombra y destituye a los ministros en Francia) se había limitado a sustituir a los salientes uno a uno. El terremoto provocado por la dimisión del titular de Interior, Gérard Collomb, le ha dado oportunidad de retocar el gabinete.

Para dar un nuevo impulso a un Gobierno y a su popularidad en caída libre. En año y medio, Macron estaba en niveles de aceptación tan malos como los de su antecesor, François Hollande, un presidente tan quemado que optó por no presentarse a la reelección. El último sondeo (Odoxa para ‘Le Point’) sitúa a Macron en un 33% de opiniones positivas, +4 puntos, un poco de aire fresco.

El ritual comenzó con una entrevista de hora y media en el Elíseo entre los dos protagonistas. Como los lunes presidente y primer ministro almuerzan a solas, se esperaba que el anuncio del nuevo Gobierno fuera cuestión de horas. El rito carece de épica. Un funcionario del palacio presidencial comparece en las escaleras y lee la lista.

Todos los medios estuvieron pendientes toda la jornada. Los nuevos deben estar listos para debutar el miércoles en el Consejo de Ministros. Máxime cuando el presidente vuela a continuación a Armenia a un cónclave de la Francofonía.

Lo único que se filtró fue que no dimitiría el primer ministro. En realidad es una cuestión formal. Dimitirá (y con él, el Ejecutivo) y el presidente le volverá a encargar que forme Gobierno. Conviene saber que en Francia, desde hace unos años, todos los nombrados son escrutados antes de hacerse públicos por la Alta Autoridad para la Transparencia. Historial fiscal, posibles conflictos de interés… para evitar sofocos posteriores.

Los cambios en el gabinete pretenden darle la vuelta a la ‘rentrée horribilis’ de Macron tras el escándalo Benalla (el guardaespaldas del presidente que pegó a dos manifestantes, finalmente apartado tras no pocos titubeos) y la salida de Collomb. El ex ministro de Interior y uno de los primeros valedores del presidente quiere volver a ser alcalde de Lyon y usó su ascendente paternal sobre Macron para forzar la mano del presidente.

El presidente de la Asamblea, Richard Ferrand, ha puesto acentos históricos a la secuencia: “Tras el Año I del quinquenio, el del Consulado, con reformas a gran ritmo… llega el Año II, el de la República contractual, ‘el pacto girondino'”. Seguirán las reformas pero con más concertación, en lenguaje para todos los públicos.

Los medios buscaron fórmulas más a ras de tierra. Ecos del lenguaje deportivo. Se trata de pasar de un juego vertical a otro con más toque. O sea, que no todo lo decida el presidente y lo saque adelante con el rodillo de su mayoría absoluta en la Asamblea. Que circule la bola del diálogo. O de jerga televisiva. Un retoque de casting. “Temporada 2” acuñó ‘Journal de Dimanche’.

Más importante que el cambio de carteras, será verificar si el compromiso reformista se mantiene. Jacques Chirac, Nicolas Sarkozy y Hollande prometieron (y no pudieron cumplir su palabra) que las mejoras sociales seguirían a sus leyes liberales. Macron tiene a su favor que, al contrario de sus tres predecesores, sí incluyó en su programa electoral que iba dar una sacudida a Francia. El problema es que dijo que lograría bajar el paro al 7% y, de momento, sigue en el 9%. Y el crecimiento de la economía se ha ralentizado.

Si va a seguir con las reformas, si sigue el mismo primer ministro, si sólo va a cambiar un puñado de ministros, de dónde va a venir ese nuevo ‘élan’, cabe preguntarse. Macron confía en aquello de “comunicar mejor”. Por eso ha cambiado a su jefe de comunicación. Veremos si también logra controlar sus propias salidas de tono.

Es algo más que una cuestión de estilo. De recuperar la posición ‘au dessus de la melée’ del presidente. Y de que gobierne el día a día el primer ministro. Eso es lo propio del régimen de la V República cuya constitución acaba de cumplir 60 años. Un traje institucional a la medida de su fundador, el general De Gaulle, cuya tumba visitó Macron la semana pasada.

Philippe saldrá reforzado. Sus ministros más poderosos, que tenían interlocución directa con el presidente (Bayrou, Hulot, Collomb) están fuera. Llega su hora.

De momento, el martes, en la Asamblea, la oposición se puso las botas. El jefe de Los Republicanos (derecha), Christian Jacob, habló de “mascarada” y acusó al primer ministro de no ser capaz de reformar su gabinete por falta de banquillo: “Cuando desertan los primeros apoyos, es una berezina anunciada”. Philippe hizo valer sus 350 diputados para acallar las protestas de la bancada rival.

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